¿Por qué nos gusta tanto la astrología?
S e ha vuelto casi un rompehielos: conoces a alguien y, en lugar de hablar del clima, le preguntas sobre su signo solar. Si la conversación fluye, entonces sacas algunas cartas bajo la manga: el ascendente, la luna, Venus, Marte, Quirón. Vas jalando el hilo hasta donde aguante. Este lenguaje se ha convertido en algo común. Todos, o casi todos, en algún momento hemos leído el horóscopo, ya sea por curiosidad, por escepticismo o simplemente porque a veces necesitamos que alguien más cargue con el peso del libre albedrío. El primer recelo es natural: ¿Cómo una especie de galleta de la fortuna puede decirte qué hacer con tu vida? Y es cierto que hay quienes lo usan así, lo cual también está bien. La libertad pesa y no todos la quieren o la necesitan. Pero, ¿es posible conocer el futuro o el pasado de alguien sólo con mirar el cielo? De la misma manera en que la psicología ha definido estilos de personalidad, o como los rasgos étnicos y culturales se han segmentado a través del tiempo...